3 jun. 2015

Fasika, una etíope un poco sevillana

Charlando con una etíope. Publicado en Runner's World en abril de 2015


Fotos de acción: Juan José Úbeda

Después de haber compartido más de una semana de charlas sobre atletismo, maratón, running… con una corredora etíope profesional, Fasika Metafriya, es asombroso el desconocimiento absoluto que todavía hay sobre cómo se vive, mejor cómo se sobrevive, en África, y de cómo se entrena y se entiende la vida y el deporte de élite en un país tan alejado de nuestro ritmo de vida europeo y globalizado.

Fasika es una chica de 23 años (25 en su pasaporte para acelerar una posible salida a USA con su hermano que reside allí), que corre media maratón en 1h13 en su debut en la distancia y que ha sido sexta en la Great Run de Addis Abeba, lo que podría equivaler a estar entre las 20-30 corredoras más rápidas de 10km en ruta del mundo. Quería correr en Sevilla sobre las 2h30, hasta el km 39 iba para hacer sobre 2h33-34.

Fasika no conoce a Peter Pan ni a Rayo McQueen, ni ha visto una película de Disney en su vida, ni conoce ningún grupo de pop – rock de esos que llamamos del “mainstream”. En su móvil colecciona memes en amárico (su lengua) y alguna foto de Asafa Powel, Usain Bolt, Bekele y Mo Farah, sus ídolos atléticos. De chicas corredoras lleva la de su amiga y compañera de fatigas durante algún tiempo, cuando más jóvenes, Tirunesh Dibaba, de la que alaba su poderío y zancada y su cara, para ella la más guapa de Etiopía. Ni que decir tiene que Kenenisa Bekele es Dios hecho hombre para ella y para sus 60 compañeros de entrenamientos diarios en un campamento que ella llama “club”, a pesar de sus “excesivamente musculosos cuádriceps y de que fracasa en maratón”. Sobre Haile Gebrselassie habla como alguien que ya trascendió lo deportivo, una figura de referencia en su país que acabará convirtiéndose en presidente del gobierno, y que según ella mismo dice “seguro que tiene por lo menos 5-6 años más de lo os creéis en Europa, como mínimo”.



El día más feliz para los que estuvimos trabajando en el Zurich Maratón de Sevilla 2015 no fue el 22 de febrero, día de la carrera, fue el 6 de marzo, día que Fasika regresó a su casa. Hemos sido testigos directos de una historia de las que marcan de por vida. La etíope iba en tercera posición de la general femenina, tras la portuguesa Filomena Costas (2h28:00) y su compatriota y amiga Abebech Tsegaye (2h33:49). En el km 40 se encontró mal y abandonó, y luego sufrió un desvanecimiento. Fue trasladada al Hospital Virgen Macarena donde fue ingresada por precaución, y allí pasó varios días. Los cardiólogos le realizaron varias pruebas para descartar cualquier problema en su corazón. El resultado ha sido totalmente satisfactorio y los doctores han confirmado que Fasika está perfectamente, que no sufrió ninguna dolencia grave (‘sólo’ un desvanecimiento por el sobre esfuerzo y deshidratación, porque no bebió agua durante la prueba) y que podía volver a Etiopía con todas las garantías para seguir haciendo lo que más le gusta: correr como profesional.


Por fin, Fasika ha vuelto a casa para retomar sus entrenamientos, aunque antes tuvimos el enorme honor de compartir con ella entrenamientos en Sevilla, recorriendo los principales monumentos de la ciudad. Fasika, rebautizada como “Francisca” por sus compañeras de habitación, a las que ella llamaba ‘mamis’, ha aprendido muchas palabras en español y nos ha enseñado también a decir algunas cosas en amárico. En su club no hay manos occidentales, su entrenador y su mánager, al que quiere dejar para buscarse otro, son etíopes, y es lo normal. Nada de ‘coaches’ italianos o británicos, “nosotros sabemos bien cómo entrenar, los europeos entrenan menos que nosotros”.

En las largas tardes en el hospital nos ayudó a entender cómo es esto del atletismo en Etiopía. A pesar de mis 60-61 kg y 170 cm de altura, hablándole de cómo entreno, como un corredor popular más, me dijo que estaba “gordo”. “Así no es posible correr rápido. Estar absolutamente fino es igual o más importante que entrenar duro, si te sobran kilos, jamás podrás avanzar rápido”. Y punto.

Estuvimos discutiendo sobre el motivo por el cual sufrió un colapso, o síncope, en el km 40. Le insistí en la necesidad de hidratarse… “No bebí nada durante el maratón, me dolía la espalda y durante el calentamiento bebí un poco y me dio fatiga, así que decidí no beber nada” La temperatura llegó a los 20º, eso es mucho calor en un maratón... “Claro, es que 20º no es calor, calor el que hace en Etiopía… Allí yo bebo cada día 4 litros de agua, los corredores en Addis Abeba nos obligamos a beber como mínimo eso, ¿cuánto bebes tú?, menos de eso es malo para la salud y para el rendimiento. Entrenando también bebemos, pero compitiendo…”.

A poco que Fasika nos fue contando su día a día allí, nos desmontó el primer mito: Los profesionales etíopes descansan 1 día a la semana. “Yo descanso el domingo, nos gusta ir a la iglesia, hacer el rito del café, compartir el día con la familia. Corro unos 150 km a la semana, siempre hacemos doble sesión, todos, una dura por la mañana casi en ayunas, donde metemos los ritmos, las series, las tiradas largas…. Y otra menos dura por la tarde-noche. Por las noches hacemos rodajes suaves, aunque algunas veces también hacemos algo más exigente. El día de descanso es opcional, cada uno puede hacer lo que le dé la gana en él, si quieres ir a correr vas, pero sólo lo hacemos cuando nos recuperamos de una lesión o si estamos en baja forma. El descanso es necesario”. Lo del tema de la siesta es otro mito, no es algo sólo típico español, Fasika asegura que en Etiopía o Kenya es como una religión. Por cierto, la suya es la cristiano-ortodoxa, y sus ritos se fusionan con el atletismo, y con el resto del día a día.

Los africanos tienen bastante claro que eso de hacer pesas, o al menos tantas pesas, es un error: “Los corredores europeos suelen ser más fuertes que nosotros, pero tanto músculo te hace ser más lento. Seguramente por eso están más años que nosotros corriendo, pero seguramente por eso nosotros también somos más rápidos. Nosotros hacemos una sesión de gimnasio a la semana, pero muy ligera, no hace falta más”.

Lo de correr 150 km a la semana tampoco parece tan salvaje, pero en estos grandes clubes, como lo llama Fasika, o campos de entrenamientos para élite, tienen una competencia brutal. Suelen tener todos el mismo mánager, y lo que para los etíopes es una tradición, cuando el mánager o el entrenador están presentes se convierte en una auténtica competición… El test de 20km quincenal, este es el entrenamiento favorito de Fasika, es también la clave del éxito africano. “Normalmente sumamos 15 días de entrenamientos muy fuertes con 15 días de entrenamientos suaves, y al final de estos 15 días hacemos el test de 20km por el campo, con cuestas. Si lo hago entre 1h12 y 1h14 significa que estoy fuerte, y mi entrenador lo sabe. Si paso de 1h15 estoy mal”. Tras apretarle en el diálogo nos reconoce que una buena actuación en el test de los 20km te abre las puertas para poder competir en alguna media maratón o maratón en Europa. Así que, los etíopes, se juegan el pan cada 15 días, a 2.300 metros de altitud. 60 hombres y mujeres que se exprimen al máximo cada dos semanas con el sueño de volar a Europa para competir.

Como decía el ex seleccionador nacional de fútbol, Luis Aragonés, ganar, ganar y ganar, y ganar, ganar, ganar… “Los etíopes corremos para ganar, no entendemos la obsesión por buscar carreras buenas para hacer marcas fáciles. Ganar en Nueva York dicen que es duro, da igual que no hagas marca personal, lo importante es ganar allí. Si gano una media maratón en Europa eso vale más que una buena marca en Marruecos o Etiopía. Cuando compites fuerte contra buenos rivales es cuando llegan las buenas marcas”.


En lo que no nos ha derribado ningún mito es en lo de las tiradas ‘largas’. Nuestras ideas preconcebidas son una realidad… “Dos semanas antes del maratón de Sevilla corrí 38 km en poco más de 2h15 –posiblemente algo exagerado a tenor de sus marcas–. Entrenando es como se gana confianza, hay que entrenar muy fuerte para correr fuerte”. ¿Pero de verdad que hace falta tanto?, ¿no es eso demasiado? Estas tiradas tan fuertes y cerca de la competición parece poco razonables más arriba del Sahara. “¡No! Si no sumas kilómetros a ritmos altos, no hay carrera!”.

Sus entrenamientos varían cada semana, pero se repiten cada mes. De ahí que la gran mayoría de corredores de élite etíopes no preparen específicamente ningún maratón en Europa, prácticamente meten un par de semanas duras el mes previo a la carrera, poco más. “Lo importante es no tener dolores, poder entrenar regularmente, cada día”.

Sinceramente, pensaba que allí vivían sin fisioterapeutas ni masajes. “Claro que nos damos masajes, unos dos a la semana, y estiramos todos los días, y hacemos abdominales, lumbares y flexiones”. En cambio, prácticamente no dispone de material técnico para correr. “A veces nos traen material de adidas o Nike al club, lo repartimos como podemos, aunque los que más salen al extranjero tienen más opciones de recibir material nuevo que los que no. Tenemos unas zapatillas para entrenar a diario y otras que usamos para competir y correr en asfalto. También tengo unas de clavos de cuando era más joven para cuando vamos a las pistas a hacer series o competir. Ni yo ni casi nadie de mi club tenemos ningún sponsor. Corremos con lo que nos reparten o con lo que podemos comprar”.

Fasika corrió el Zurich Maratón de Sevilla con unas Nike de un número menos del que ella tiene. Le quitó las plantillas para que le entrase el pie… Obviamente perdió varias uñas en los 40 kilómetros que corrió. Le regalamos unas New Balance RC 1400, con las que dice que correrá medias maratones. “Claro que yo también he corrido descalza, los niños en Etiopía no tenemos zapatillas de running, y corremos más rápido que con chanclas… pero pudiendo correr con zapatillas ¿quién prefiere correr descalzo?”, nos cuenta con cara de sorpresa cuando le explicamos lo de la tendencia barefoot. El minimalismo no va a llegar a África… al menos no por elección propia.

Aunque físicamente existe una diferencia notable entre kenianos y etíopes, el nivel atlético es similar. Eso sí suele resultar mucho más fácil traer kenianos que etíopes a las carreras europeas. “Los kenianos siempre vuelven a casa, los etíopes, no siempre, por eso conseguir el visado es más complicado para nosotros, por eso los mánagers son más duros y desconfiados”. Lo que tampoco es un mito es lo de la comida. Comer, comen, pero… “La comida allí es muy mala, para los corredores está bien porque nos dan de comer y nos la preparan, pero la calidad es muy mala, el agua es horrible, peligrosa. Tenemos muchos problemas de estómago. Mis hermanos me habían dicho que la comida española es famosa en todo el mundo, pero después de probar la del hospital, si esto tan bueno es lo que le dais a los enfermos, ¡los restaurantes de lujo tienen que ser increíbles!”.





Su sueño deportivo es ambicioso, quiere correr media maratón en 1h07 en pocos años, eso le abriría las puertas de las grandes pruebas en todo el mundo. “En pista es difícil sobrevivir, en ruta lo tenemos más fácil. Yo he corrido 3.000 metros indoor en 9’07”, y el 5.000 era mi especialidad. Es menos duro entrenar para pista, pero nuestro futuro está en el asfalto”.

Ya en Addis Abeba nos confirma que el año que viene quiere volver a competir el Zurich Maratón de Sevilla, para ganar. Fasika está de vuelta en Etiopía y agradece de todo corazón, con sus 40 pulsaciones en reposo, la atención que Marta, Manuela, Rosa, Dani, Andrea, Rafael, Aurora, Manolo y Víctor, entre otros muchos, y todo el formidable equipo sanitario del Virgen Macarena, le han prestado. Hablando de la Macarena, ha visto algunos vídeos de la Semana Santa hispalense y dice que es algo que quiere ver en directo.


Su simpatía nos ha dejado a todos absolutamente fascinados. Desde ya hay una etíope corriendo por Addis Abeba que se ha enamorado de Sevilla y que promete volver para ganar y dedicarle el triunfo a todos los voluntarios de la prueba. Su corazón, al menos en parte, se ha quedado para siempre a orillas del Guadalquivir. Y el nuestro está también con ella ya a 180 pulsaciones y 2.300 metros de altitud, a 3’ y poco el kilómetro, en Etiopía.

Fasika, bet‘am amesegënallô


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