30 mar. 2017

Nadar, o flotar



Llevaba desde octubre sin meterme en una piscina. Bueno, la matronatación con mi peque de casi dos años no cuenta. Tengo la suerte de poder ir a la piscina a horas ‘raras’, es decir, a horas en las que está vacía, y es mucho más agradable que tener que estar pendiente de ver si te adelantan, si tienes que esperar a que pase uno más rápido… En cierto modo, nadar solo en una piscina me relaja, pero como la calle esté llena de nadadores, me estresa… Paradoja. Y eso mismo me pasa siempre en los triatlones, me agobio mucho nadando con otros alrededor, me falta hasta el aire en las salidas. Eso sí, aprendí hace tiempo a ponerme en uno de los laterales en las salidas para evitar el contacto, y si tengo que salir lento, lo hago.

Nadar se me da bien, aunque no me gusta demasiado. Para ser sinceros, me gusta un rato, pero me aburre si voy varios días a la semana. Uno o dos días lo tolero bien, al tercero me pregunto “¿qué carajo hago en la piscina?”. A pesar de todo, los que entienden de esto me dicen que no tengo mala técnica, que tal vez me balanceo demasiado y que uso poco las piernas, aunque eso igual puede ser bueno cuando nadas con neopreno una distancia larga.

Aprendí a nadar cuando niño, aunque a ‘nadar bien’ me enseñó José María Merchán, olímpico en Sydney 2000. Coincidí con él trabajando en la Federación Andaluza de Triatlón y se metió conmigo en la piscina varios días para enseñarme ejercicios, técnica, corregir vicios adquiridos… Sobre todo me enseñó a valorar la sensación de deslizarte y estirarte al máximo durante cada brazada. Jamás nadaré técnicamente perfecto, pero ponerse en manos de un experto es la mejor decisión que puedes tomar para mejorar nadando.

De momento sigo nadando ‘solo’, aunque cuando lo he hecho con un grupo de entrenamiento es cuando más he progresado y mejorado la velocidad. Cuando pase Cascais y tenga tiempo, o más tiempo, intentaré buscar un grupo de entrenos en la piscina.

‪#IM703Cascais‪ #MiauToCascais

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